Vivir en una botella

Tras ser utilizada para promocionar el Xacobeo 99, la botella de albariño más grande del mundo -una estructura de unas siete toneladas- se ha convertido en la principal atracción de un hotel rural de Meis (Pontevedra), en donde sus huéspedes pueden alojarse para disfrutar de una propuesta que sus dueños describen como “agro-chic”.

La botella, reconvertida ahora en habitación de hotel, está construida con fibra de vidrio y fue creada como barco para promocionar la ruta jacobea por el río Ulla, que separa las provincias de Pontevedra y A Coruña, durante el último Año Santo del siglo XX.

Pero tras varios intentos de navegación frustrados, acabó abandonada en una antigua depuradora de agua potable situada en el municipio pontevedrés de Vilanova de Arousa. Allí permaneció hasta que 18 años después llamó la atención de Mónica Novas, propietaria de Madeinfofán, un hotel rural especializado en alojamientos singulares.

Una estancia singular .“Fui a verla, pregunté por ella y me dijeron que si conseguía moverla me la daban”, explica Novas a Efe, algo que logró “con mucho esfuerzo” tras consultar con dos empresas especializadas. Trasladarla de Vilanova a Meis, a más de veinte kilómetros de distancia, fue el primer reto al que se enfrentaron los dueños de este establecimiento, ya que “no es fácil mover una estructura de este tamaño”.

Una vez situada dentro del complejo rural “la limpiamos y contratamos a una artista para que la pintara”, debido a que sus nuevos propietarios querían que “fuera una botella de albariño que pareciera totalmente real“. A partir ahí, albañiles y carpinteros siguieron las indicaciones de Mónica Novás y su equipo para convertir su interior en una habitación que tuviese todas las comodidades posibles.

“Teníamos una idea clara”, asegura la empresaria, que logró aprovechar al máximo los trece metros de largo, tres de alto y otros tres de ancho de esta botella gigante para habilitar dentro de ella una habitación de unos 20 metros cuadrados. En su interior cuenta con una pequeña sala -habilitada para realizar catas de vino-, un armario y una cama de matrimonio.

Ahora, es la sexta habitación de su establecimiento rural, una casa de aldea en la que también se puede pernoctar dentro de un hórreo tradicional.

Edición: Frank Armas/Fuente: Efe

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